miércoles, 17 de mayo de 2017
martes, 4 de abril de 2017
Tipos de relajación
¿Qué significa “relajación”?
La
relajación es el estado psíquico, nervioso y físico calmo, producto de la
ausencia de estrés o contracción muscular, llevada a cabo en estado de
conciencia por acción voluntaria y dirigida.
La
relajación es el acto de relajarse, de optar por tomar un estado calmo,
distendido, que debería ser acompañado por una sensación de bienestar, ya que
la relajación puede estar presente en personas con patologías depresivas, y no
por ello sentirse realmente distendidas.
Actualmente,
en personas con demasiadas exigencias laborales o físicas, o que demandan
demasiada atención cotidiana, la mente y el cuerpo se encuentran constantemente
ocupados en tareas que requieren atención permanente. Este tipo de vida, suele
conllevar un estado de tensión o estrés que acompañados de ciertos tipos de
relajación, pueden contribuir a un equilibrio mental, físico y corporal.
Formas de relajación según sus técnicas
Los
tipos de relajación están acompañados de técnicas que lo facilitan. Algunas de
las más importantes son:
Relajación respiratoria: La respiración es la base vital
humana. Gracias a ella subsistimos, inhalando y exhalando oxígeno. Este
movimiento constante reporta un ejercicio del organismo, que dirigido de manera
adecuada, regulada, y acompañándola de otros estímulos, es la primer técnica y
la más importante que debe tenerse en cuenta para poder proyectar las demás.
Sólo la adecuada respiración puede ser un método de relajación integral.
Relajación progresiva: Este tipo de técnica parte de la
idea de que quien la ejercita, llega a la sesión en un estado de contracción
que progresivamente cederá en pos de la relajación. El individuo debe encontrar
una postura cómoda, generalmente acostado, sin cruzar extremidades y cerrando
los ojos. El objetivo es que progresivamente, el individuo conduzca su estado
de rigidez a uno de distensión a través de la respiración.
Relajación muscular pasiva: A diferencia de la relajación
progresiva antes mencionada este tipo de relajación no realiza contracciones en
los músculos, ni tampoco tiene que ver con movimientos de articulaciones o
similares, sino que se trata de concentrarse
en los sectores musculares
afectados o no de a uno en uno de manera sistemática. De esta manera se
detectan las tensiones y se logran liberarlas.
Suelen
utilizarse estas técnicas en personas con movilidad reducida, o bien en
aquellas situaciones en público que se requieran ya que no hay que realizar
grandes movimientos llamativos, y las personas que las realicen deben estar
capacitadas para conocer y saber lograr estas detecciones.
Relajación aplicada: Su enfoque más importante y usual
se da en el tratamiento de estrés cuando se requiere de manera práctica y sobre
todo de mayor inmediatez. Debe ser llevada a cabo por personas con
entrenamiento específico sobre estas técnicas y es eficaz al realizarse al
inicio del momento de estrés y consiste en la tensión y distensión de los
músculos de todo el cuerpo acompañándose de una actitud o comportamiento activo
y positivo hacia la actividad relajante.
Relajación conductual: también relacionadas a
problemáticas como el estrés, las relajaciones conductuales hacen hincapié en
la modificación, aprendizaje captación y adaptación de diversas conductas o
reacciones que suelen tener las personas tratadas, como también de aquellas
conductas que “deberían tener”, para lograr estados de bienestar físicos y
mentales. El autocontrol, el confrontamiento y el distanciamiento son temas
tratados por estas terapias generalmente ligadas al campo de la psicología.
Se
trata del procesamiento de las reacciones que se observan al contacto con
diferentes situaciones en ámbitos sociales y del entorno, que provocan e
influyen al desarrollo del estrés, la acumulación de tensiones y demás. Al
tomar diversas posturas frente a estos momentos generantes de displacer y
malestar, se logran estados de relajación y de tranquilidad tanto mental como
física.
Fuente:
http://www.tipos.co/tipos-de-relajacion/#ixzz4dGtqxqgB
miércoles, 29 de marzo de 2017
A menudo hablando con profesores me dicen que no tienen superdotados en sus clases, y con frecuencia también me encuentro con colegios de 3.000 o 4.000 alumnos en los que según sus directores no hay ningún superdotado o chicos con altas capacidades.
Les explico que es imposible. Estadísticamente hay un dos por ciento de niños superdotados en cualquier colegio y en cualquier área educativa dentro de ese colegio.
¿Pero cómo saber quiénes son? Con nuestra experiencia estas son las mejores pistas para localizarlos:
Claves para detectar a un niño superdotado
Los niños superdotados a menudo:
- Aprenden a leer muy pronto y tienen gran facilidad con los números
- Les gusta estar con niños mayores
- Están en su mundo, abstraídos en sus cosas y son bastante despistados
- Son muy sensibles
- Piensan rápido, aprenden rápido y tienen muy buena memoria
- Son muy exigentes con ellos mismos y con los demás
- Son hiperactivos mentales, y tienen muchos intereses a la vez
- Son niños con baja autoestima, retraídos y/o con problemas de conducta, y con poca resistencia a la frustración
- Tienden a cuestionar las normas y la autoridad
- Son imaginativos, preguntan mucho y tienen un sentido del humor especial.
Los superdotados generalmente no son:
- Niños con alto rendimiento, por el contrario es frecuente el fracaso escolar
- Niños motivados, si no reciben educación especial suelen estar aburridos y desmotivados
- Niños con Trastorno por Déficit de Atención y no necesitan medicación. Solo se aburren.
- Niños Hiperactivos, y no necesitan medicación. Necesitan hacer cosas que les interesen.
- Niños con Trastorno Negativista Desafiante. Se rebelan porque nadie les comprende.
- Niños con Trastorno de Evitación. Evitan a los demás porque les rechazan.
- Niños enfermos. La superdotación no es una enfermedad, es un regalo.
- Niños problemáticos, si dan problemas es porque necesitan ayuda.
- Niños que no necesitan nada, tienen Necesidades Educativa Especiales según la Ley
- Niños imposibles, necesitan cariño, atención y apoyo para ser felices, como todos.
Ante la duda solicitar una valoración con un Psicólogo Especialista en Superdotación y Altas Capacidades
Carmen Sanz Chacón
jueves, 16 de marzo de 2017
Reglas básicas para comunicar a los hijos el divorcio de los
padres
Decírselo los dos juntos, no hablar mal del otro y no caer en comprarle con regalos son algunas de las claves.
SILVIA C. CARPALLO
Es muy importante que ninguno
de los dos hable mal del otro a los hijos.
El amor muchas veces no dura para
toda la vida. A veces porque la pareja se deteriora por los roces de la
convivencia, porque ha aparecido otra persona o simplemente porque ya no sois
los mismos que eráis cuando empezasteis la relación. El problema está en que lo
que parece un asunto de dos, se convierte en algo más complejo cuando hay hijos
de por medio. Porque vuestra separación no solo supone un cambio en vuestras
vidas, sino también en las suyas. Aunque seguir por los hijos no parece
una opción lógica, si al final solo vamos a hacerles vivir en un ambiente tenso
e incluso podemos hacerles cargar con esa culpa, lo que sí debemos tener en
cuenta es cómo hacer las cosas lo mejor posible. Empezando por el principio, es
decir, cómo vamos a contarles que “mamá y papá se separan”.
Sí, es cierto que ya no se trata
de una noticia tan impactante como hace unos años, principalmente porque seguro
que no va a ser el único niño de clase con padres separados. Ahora lo raro es
casi que sigan casados. Sin embargo, la psicopedagoga
Laura Aguilera aporta que “que los padres se separen es un
aspecto muy importante para los niños, tanto ahora como hace años, que no se
veía con tanta frecuencia. La idea de que los padres se separen implica un
cambio en su rutina diaria, a la que al inicio les cuesta adaptarse”, por lo
que siempre hay que planificar cómo vamos a abordarlo. Igualmente, también
depende de cómo sea nuestra separación, ya que “no es lo mismo la separación de
unos padres que simplemente han dejado de quererse en el sentido del amor
romántico, pero se respetan mutuamente y llevan una separación civilizada”, que
los padres que se separan por algo razones complicadas como una infidelidad o
incluso en casos extremos unos malos tratos.
Lo que debemos decir y lo que
debemos evitar
“Es fundamental comunicárselo al
niño de la forma correcta, a ser posible los dos juntos y evitando que
los niños piensen que es por ellos, por su mal comportamiento, por lo que
han hecho o han dicho, pero sobre todo tenemos que dejarles tiempo para que lo
asimilen”, aporta la especialista en psicología infantil Silvia Álava. Entre las cosas que
debemos hacer está el “responder a las preguntas que hagan. En el momento de
dar la noticia de la separación, los niños más pequeños pueden dar respuestas
sorprendentes, como ‘vale, y ahora, ¿puedo jugar con mis juguetes?’, pero poco
a poco irán entendiendo la nueva situación”.
Otra idea que destaca la
psicóloga es la de dejar que durante el proceso el niño pueda
expresarse libremente y no imponerle nuestras ideas. Por ejemplo, “el niño
tiene que poder decir que echa de menos a su padre o a su madre cuando no está
con él o con ella”, sin que nos pongamos todos nerviosos. Eso implica, entre
otras cosas, “no luchar por el papel del bueno de la película”, sino intentar
ser un bando unido y darle mensajes juntos del estilo: “Los dos te queremos y
los dos queremos estar contigo”.
Por supuesto, habrá que controlar
nuestras propias emociones y evitar que nuestro hijo/a oiga descalificaciones
de nuestro ex. “No olvidemos que por muy mal marido o esposa que una
persona sea, no deja de ser la madre o el padre del niño”. Eso también
significa que no hay que caer en usar tretas del estilo “llenar al niño de
regalos, pensando que de esa forma no nos echará de menos, o que con eso
conseguiremos que nos prefiera ante el otro progenitor”. Silvia Álava aclara
que así, “lo único que estamos haciendo es llenarle de cosas, lo que de verdad
será duradero es que sepa que sus padres están ahí para quererle, escucharle,
ayudarle a resolver sus problemas”. Pese a ello, sí que es positivo remarcarle
todo aquello que pueda ver como positivo de la nueva situación. Por ejemplo
el “tendrás dos casas, dos habitaciones, y harás un montón de cosas con mamá y
con papá, pero por separado”, ya que como explica la psicóloga “se trata de que
el niño aprenda a ser feliz en la nueva situación”.
La edad del niño importa
Aunque tengamos cuarenta años e
hijos propios, que nuestros padres nos digan que se separan es una noticia que
impacta, porque al final es un cambio en la propia estructura de nuestra vida.
Incluso aunque no vivamos con ellos, supondrá un cambio en nuestras rutinas.
Sin embargo, la edad que tiene el niño cuando se entera de que sus padres ya no
van a seguir siendo una pareja es un factor bastante determinante.
En este punto Laura Aguilera hace
una distinción de cómo llevará el niño la situación y qué tener en cuenta según
los años que tenga, para que ciertas reacciones no nos pillen por sorpresa,
teniendo en cuenta que siempre influye el grado de maduración del mismo.
- Hijos menores de 5 años: En este caso las explicaciones deben ser muy sencillas, concretas, cortas y claras, ya que todavía no comprenden lo que sucede del todo. “Tanto el padre como la madre se perciben por el hijo como una unidad inseparable. En estos casos, lo adecuado es explicarle brevemente al hijo qué progenitor será el que deje el domicilio, se le presentará el nuevo hogar de éste, así como se le expondrá cuándo lo verá y en qué entornos”, apunta Aguilera.
- Hijos de cinco a ocho años: Ahora ya
necesitan más información, porque la separación de sus padres les afecta a
nivel emocional y personal. La psicóloga aclara que “en estas edades es
cuando hay riesgo de que los niños se culpen a ellos mismo por la
separación de sus padres, así como fantasear con que algún día volverán a estar
juntos”.
- Hijos de nueve a doce años: “A estas
edades los niños pueden ver el divorcio de sus padres como algo que no
pueden controlar, por lo que no interiorizan un sentimiento de culpa”,
aclara Álava. Quizás por ello, suelen culpar más a los padres y se
plantean aspectos morales de lo que está bien y lo que está mal. “En
ocasiones pueden tomar partido en un bando de los dos progenitores, pero
todo dependerá del tipo de relación que mantengan y de cada caso en
particular”, insiste la experta.
- Hijos adolescentes: Ya sabemos que esta
es una etapa de emociones y comportamientos contradictorios, por lo que no
es de extrañar que estos salgan en una situación de divorcio. “Son capaces
de asimilar esta ruptura familiar de forma más madura, pero como adolescentes
que se enfadan y experimentan frustración ante la situación, volviéndose
más introvertidos, como forma de expresión de su inconformidad ante la
separación de sus padres” concluye la psicóloga.
Otros factores a tener en cuenta
pueden ser por ejemplo el sexo, a lo que Aguilar aclara que “no tiene por qué
tener una reacción diferente el hecho de que el niño de padres separados sea de
género masculino o femenino. Si bien es cierto que los niños podrían ser más
propensos a tener una conducta más disruptiva y oposicionista, mientras las
niñas pueden ser más introvertidas y optar por sentirse culpables de la
separación”. Igualmente, el hecho de ser hijo único o de tener hermanos también
ha de ser tenido en cuenta, puesto que como aporta la psicopedagoga “es más
complejo si hay más hermanos, por un motivo muy claro, y es el hecho de que la
edad de cada hermano implicará un tipo de explicación de la separación
diferente, debido a su capacidad de entender la situación”. Así su
recomendación pasa por reforzar el vínculo entre ellos en contrapartida, ya que
“en una buena relación entre hermanos, éstos pueden ver uno en el otro, un
apoyo importante”.
miércoles, 8 de marzo de 2017
martes, 7 de marzo de 2017
miércoles, 22 de febrero de 2017
El frasco de la calma

El frasco de la calma es un frasco dirigido a las familias para poder controlar las rabietas en los niños y los nervios del adulto. Con él se pretende poder canalizar el estrés y la ansiedad potenciando la respiración y la calma gracias a la concentración. El frasco de la calma está compuesto por pegamento, agua, champú, purpurina y otros ingredientes que hará que tenga un movimiento casi hipnótico que ayude al niño enojado a controlar sus rabietas, pero siempre y cuando se utilice de una forma correcta donde el pequeño comprenda que es un frasco para sentirse bien.
Inspirado en la ideología de María Montessori
El frasco de la calma está inspirado en la pedagogía de María Montessori y el objetivo es que, tanto padres como niños, puedan regular sus emociones negativas pudiéndolas canalizar y que de este modo lo sentimientos de rabia, ira o tristeza puedan entenderse desde la calma. Todas las emociones son importantes y se deben poner palabras para que se pueda crear una conciencia, algo que hará que en el futuro al reconocer esas emociones se puedan gestionar mejor.
No es sólo para los niños
El frasco de la calma es un producto que está dirigido a los padres, para que lo utilicen junto con los niños de más de dos años de edad. El objetivo del frasco es calmar la ansiedad, los nervios o el estrés tanto del adulto como del niño concentrando la atención en los movimientos relajantes del interior del frasco. Es muy importante que el frasco esté bien sellado para que no se pueda abrir .
Es necesario que para acompañar a la acción se realice un tono cordial con el niño y se proporcionen instrucciones sobre la respiración para que el niño se relaje poco a poco. Así irá siendo consciente de cómo es capaz él mismo de controlar sus emociones y cómo puede despejar su mente, cuidar la respiración y notar cómo el miedo, el estrés y la ansiedad van desapareciendo.

No es un castigo
Cabe destacar que el frasco de la calma no es un castigo ni debe parecerlo. Es una técnica que debe aplicarse junto con el niño, acompañándolo en este proceso. Las amenazas o los castigos no caben dentro de la técnica del frasco de la calma. Los adultos deben proporcionar esta técnica como una inversión de tiempo para que los niños aprendan a controlar el estrés y la frustración, algo que les ayudará a medida que vayan creciendo a ser adultos exitosos que saben controlar sus propias emociones.
Cuando el niño está estresado su ritmo cardiaco y su respiración se acelera por lo que pueden sentir un bloqueo en sus pensamientos. Pero concentrándose en la brillantina del frasco y en sus relajantes movimientos, podrán empezar a pensar con mayor nitidez, para que después, junto con la ayuda del adulto se pueda retomar el motivo del enfado y buscar las soluciones desde la calma y la serenidad.
El adulto debe acompañar durante todo el proceso
El frasco de la calma nunca (bajo ningún concepto) debe usarse por el niño de forma individual, siempre tendrá que estar el adulto a su lado para poder guiarle en el proceso de relajación. Deberá darle instrucciones al niño para que sepa cómo debe hacerlo, diciendo cosas como: “Ahora vamos a sentarnos con el frasco de la calma para relajarnos todos. Respiraremos hondo y nos fijaremos en silencio en cómo la brillantina se mueve y se desliza por el frasco hasta que se pare del todo. Después, hablaremos sobre lo ocurrido y buscaremos soluciones”.
Fuente: www.etapainfantil.com
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