lunes, 12 de septiembre de 2016

Regala Bienestar


       Pensando en ti, hemos creado la serie 
     “Regala Bienestar
Para que elijas la combinación que más te apetezca, para ti o para esa persona especial.
Llama y te informaremos de todo.
Te esperamos¡¡








jueves, 8 de septiembre de 2016

EL VALOR DEL SALUDO




Pongo mi mano en mi pecho y
conecto con mi corazón.
Recojo los rayos de sol y te
los envío con todo mi amor.

Recojo,  hacia adentro.
Te envío, hacia afuera.


Paloma Sainz Vara del Rey






Si pones la mano en tu corazón y cierras los ojos sientes tu corazón tic tac.. ¿Sabes que palabra se utiliza para saludar en la India?



Resultado de imagen de namasté





¿Te imaginas que cada vez que saludáramos a alguien, le miráramos a los ojos y, sonriendo, le saludáramos sintiendo esa conexión?





jueves, 21 de julio de 2016

TALLER DE MINDFULNESS








Jon Kabat-zinn, conocido por haber creado la clínica de reducción del estrés en la Universidad de Massachusetts e introducir la práctica de mindfulness para el tratamiento de los problemas físicos y psicológicos, dolor crónico y otros síntomas, define el término mindfulness como:

“Prestar atención de manera intencional al momento presente, sin juzgar”


“Este tipo de atención nos permite aprender a relacionarnos de forma directa con aquello que está ocurriendo en nuestra vida, aquí y ahora, en el momento presente. Es una forma de tomar conciencia de nuestra realidad, dándonos la oportunidad de trabajar conscientemente con nuestro estrés, dolor, enfermedad, pérdida o con los desafíos de nuestra vida” 

La práctica de Mindfulness nos acerca a una forma de atención que nos permite relacionarnos con nuestro presente, con lo que realmente nos está sucediendo en la vida para dejar de estar atrapados en el pasado y ensoñando el futuro, posturas, estas últimas, que nos conducen al aislamiento y nos hacen responder como autómatas, de un modo reactivo, sintiendo que no se tiene el control de la propia vida y que es esta la que nos lleva a su antojo.


El Mindfulness o atención plena nos ayuda a recuperar ese control, nuestro equilibrio interior atendiendo de forma completa a todos los aspectos que nos conforman; el cuerpo, la mente y el espíritu.

La práctica de Mindfulness nos ayuda a madurar y aumenta nuestra compasión, nos trae al aquí y ahora y nos invita a vivir de una manera plena en el presente.



                                                                           

domingo, 29 de mayo de 2016

El autoconcepto: nuestra prisión más reparable






El autoconcepto según Paco Peñarrubia, consiste en seleccionar interesadamente algunos aspectos de nuestra personalidad, identificarnos con ellos y mostrarnos así de limitados y previsibles ante el mundo”. Es decir, solemos mostrar la mejor versión de nosotros mismos, reprimiendo o negando aquellos aspectos que consideramos que no van a ser aceptados por los demás.
La imagen que tenemos de nosotros mismos se va formando desde la infancia, como un mecanismo de defensa para así ser aceptados por los familiares más cercanos y poder desenvolvernos en el entorno que nos rodea.
De esta manera, el autoconcepto nos va encarcelando, nos va limitando en nuestro día a día, porque según las proyecciones de los demás y nuestras propias vivencias, nos han hecho ver que somos de una manera determinada y así nos lo hemos creído. Por ello, conforme vamos creciendo, deberíamos cuestionarnos lo que pensamos de nosotros mismos y lo que sentimos, con el fin de actualizarnos y de llegar a ser paulatinamente más libres en nuestro desarrollo y evolución personal. Las dos ideas principales que nos frenan en ese intento de cuestionarnos quién somos y de ponernos en juego para evolucionar son las siguientes: que no lo vamos a conseguir y que nadie nos va a querer si cambiamos ciertos aspectos de nuestra forma de ser. No obstante, todas esas ideas forman parte del mundo adulto y del desarrollo que va aconteciendo con el paso de los años.
En relación con los menores, sí me parece primordial ser conscientes de los mensajes que les estamos dando a nuestros más pequeños: “los niños no pueden llorar”, “los niños/as buenos/as no pueden enfadarse”, “tienes que portarte bien para que te quiera”, “los/as niños/as valientes no pueden sentir miedo”, “es que mi niño/a es muy tímido”
Todos esos mensajes implícitos o explícitos van calando progresivamente en los menores, obteniendo los siguientes efectos: por un lado, reprimir determinadas emociones porque se consideran malas o inadecuadas (el miedo, la tristeza y el enfado) y, por otro lado, creerse que son irremediablemente lo que los adultos les proyectamos.
Por todo ello, mi propuesta es transmitirles que todas las emociones son necesarias para vivir plenos y sanos emocionalmente, por lo tanto no hay emociones buenas y emociones malas. Asimismo, enfrentarnos a nuestros miedos nos hace más fuertes; la solución no está en evitarlos. Sacar y canalizar nuestro enfado y nuestra tristeza nos hace más humanos, y nos permite vivir con más calma en nuestro interior; reprimir dichas emociones sólo nos produce inquietud, apatía, deshumanización, desenergetización, además de la aparición de miedos irracionales y somatizaciones.






De igual manera, se ha de tener en cuenta que los niños pequeños se quedan literalmente con lo que se les dice. Por ello, se ha de tener sumo cuidado con el contenido de los mensajes que se les da. Es decir, cuando se le regaña por algo que ha hecho, es más recomendable usar el verbo “estar” que el verbo “ser”. Asimismo, se han de sustituir los comentarios del tipo “eres muy malo” o “no me gusta como eres”, por estos otros: “hoy está más nervioso e inquieto” o “no me gusta cuando tienes esta conducta”. Además, se recomienda evitar las frases del tipo “si sigues comportándote voy a dejar de quererte”, “ya no te quiero” o “te vas a quedar solo”, porque se les puede crear muchas ansiedad, desarrollando así un apego inseguro entre los progenitores y el menor; es decir, realmente pueden llegar a creerse que pueden ser abandonados o que van a dejar de ser queridos.
En definitiva, resulta más factible hacer alusión a su conducta inadecuada, más que a su forma de ser, para que no se identifique con dichos mensajes, además de evitar aquellos mensajes que le puedan generar inseguridad y ansiedad al niño. 

En definitiva, nuestra responsabilidad como adulto consiste en creernos que el “Yo” es un proceso, no una estructura, es decir, es una evolución y un desarrollo, no algo rígido e inalterable, para así poder transmitírselo a nuestros menores.